Archivo para Mayo 2004
INVENTARIO*
El hábito de las librerías. Los domingos. Marcelo X y su desarraigo, personaje de un cuento. Escena de Bo Mansoshi con el hombre –un pobre tipo medio decrépito, medio quemado, con los restos de dignidad que se empeñaba en perder lo más pronto posible– que en plena noche de Villa Luro le cuenta como le dieron por atrás unos tipos en una calle de Liniers. Otra escena, en la puerta de la Librería Hernández, en que por segunda vez en el año un peruano me ofrece productos electrónicos de procedencia ni siquiera dudosa. Cine coreano. Parejas que salen a desayunar/almorzar/merendar a las confiterías, los domingos, en jogging. En joggings grisecitos. En joggings combinados (con él, con ella). En zapatillas blancas bien lustrosas. Fauna de las líbrerías. Vendedores y compradores y propietarios muy cool(tos). Profesores que llegan borrachos a las conferencias. “Escuchar lo que se escucha” (ay, si el buen Heidegger se levantase, no sabés…) Una maratón que obliga a cerrar las calles de Buenos Aires. La imposibilidad de salir con mujeres de 30. Los slackers (¿qué generación son? X e Y seguro que no). Panic attack como páthos generacional.
* [encontrado en la libreta negra, circa julio 2002]
POSTALES .002
Sábado. Noche. Reunión de amigos en casa de D. y M. con motivo de celebrar cumpleaños.
Caetano Veloso, Bersuit, Cadillacs. Clima festivo, relajado, distendido.
–¿Cómo terminó Boca-Arsenal? Tres a cero ¿no?
–Sí sí.
Desde atrás se escucha la voz de un tercero:
–¡Eh! ¿desde cuándo éste hablando de fútbol?
–…
–…
Qué sé yo.
Hay gente que a veces habla de libros y yo no digo nada…
JIM, JAM & EL OTRO

JIM, JAM & EL OTRO

JIM, JAM & EL OTRO

JIM, JAM & EL OTRO

JIM, JAM & EL OTRO

25 DE MAYO
Esta tierra sobre los ojos, este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles, esta noche contínua, esta distancia. Te quiero, país, tirado abajo del mar, pez panza arriba, pobre sombra de país, lleno de vientos, de monumentos, de esperpentos, de orgullo sin objeto, sujeto de asaltos, estúpido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando de babas y estupor canchas de fútbol y ring sides. Pobres negros. Te estás quemando a fuego lento y donde el fuego, donde el que come los asados y tira los huesos, malandras, cajetillas, señores y cafishios, diputados, tilingas de apellido compuesto, gordas tejiendo a dos agujas, maestras normales, curas, escribanos, centrofowards livianos, Fangio solo, tenientes primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos, bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos, secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco, contraflor al resto.
Y qué carajo si la casita era un sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva, liquidación forzosa, se remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía.
Te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña envuelto en una bandera que nos legó Belgrano, mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate con su verde consuelo, lotería de pobre.
En cada piso hay alguien que nació haciendo discurso para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Pobres negros que untan las ganas de ser blancos, pobres blancos que viven en un carnaval de negros. Qué quiniela, hermanito, en Boedo, en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera, en los ranchos que paran la mugre de la pampa, en las casas blanqueadas del silencio del Norte, en las chapas de zinc donde el frío se frota, en la Plaza de Mayo, donde ronda la muerte trajeada de mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking, vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puño, viveza y elegancia. Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra, entre los dedos, la basura en los ojos, es estar triste, ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara, me acuerdo de una estrella en pleno campo, me acuerdo de un amanecer de Puna, de Tilcara de tarde, de Paraná fragante, de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos quemando un horizonte de bañados.
Te quiero país, pañuelo sucio, con sus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero sin esperanzas y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado. Y de noche.
Julio Cortázar, Carta abierta a la patria, 1955
PESSOANA
Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.
Álvaro de Campos, Tabacaria
ficcionalista! ESCUCHA
